{"id":28,"date":"2023-09-04T02:10:54","date_gmt":"2023-09-04T00:10:54","guid":{"rendered":"https:\/\/joseluna.net\/?page_id=28"},"modified":"2023-09-04T02:10:54","modified_gmt":"2023-09-04T00:10:54","slug":"de-resentimientos-dispersos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/joseluna.net\/index.php\/de-resentimientos-dispersos\/","title":{"rendered":"De resentimientos dispersos"},"content":{"rendered":"\n<p>Publicado en el libro: La cr\u00f3nica como ant\u00eddoto, UNAM, 2016<\/p>\n\n\n\n<p>Octavio Paz describi\u00f3 a los Pachucos como personas con una herida que se exhibe, como un adorno b\u00e1rbaro, caprichoso y grotesco. Su contexto rebelde se vio opacado por esa vestimenta que mostraba exageraci\u00f3n, resultado de ser ignorados en una sociedad que no les pertenece Y qu\u00e9 decir del Pachuco de oro: Tin Tan, que inmortaliz\u00f3 la indumentaria a trav\u00e9s del cine Mexicano; pantal\u00f3n holgado, entallado de la cintura y de los tobillos, saco largo, tirantes y sombrero con pluma.<\/p>\n\n\n\n<p>De esa manera vest\u00eda el hombre que ten\u00eda frente a m\u00ed. Su vestimenta rememoraba las cintas en blanco y negro. Se ve\u00eda extravagante en estos tiempos, ajeno, anacr\u00f3nico. Se acerca y origina una conversaci\u00f3n \u00e1gil y sorprendente.<\/p>\n\n\n\n<p>Estando en su refugio me desliza una fotograf\u00eda, en ella no aparenta llegar a los treinta a\u00f1os. Sentado en una banca en alg\u00fan jard\u00edn, o alg\u00fan parque de San Luis Potos\u00ed junto con sus dos hijas y su esposa. Jovial. Ahora ese saco refleja su corpulencia perdida. Cubriendo su peque\u00f1a y encorvada silueta. Sus manos percudidas sujetan una cubeta roja que contiene unos flanes que demuestran claramente el retroceso de cuajado. Otras veces lo vi pasear a media noche por la colonia ofreciendo la diluida mercanc\u00eda, mientras que el sombrero con pluma serv\u00eda para ganar confianza entre sus compradores nocturnos a trav\u00e9s de una reverencia. Y \u00e9l diluy\u00e9ndose entre las calles.<\/p>\n\n\n\n<p>Un dejo de resentimiento se nota de cuando ni\u00f1o, de esa colonia de la cual fue despojado; de la ciudad a provincia, del ruido a la calma de pueblo. \u201cDe aqu\u00ed me sacaron en segundo de secundar\u00eda, me encabron\u00e9 un chingo, ya iba a pasar a tercero, iba a ser de los grandes, y adem\u00e1s dej\u00e9 a todos mis cuates, me llevaron a San Luis Potos\u00ed; un lugar seco, \u00e1rido, la gente arisca, tosca, celosa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Su mente l\u00facida brinca de un lado a otro; de la fotograf\u00eda a los libros, de la evoluci\u00f3n de las c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas mec\u00e1nicas a los escritores cl\u00e1sicos: Garc\u00eda M\u00e1rquez, Juan Rulfo. Una simpat\u00eda por el Realismo M\u00e1gico se refleja en su memoria. Quiz\u00e1 por su transici\u00f3n de la ciudad al campo, de una comprensi\u00f3n obligada a un contexto real, vivido en recuerdos, plasmada en una realidad sobrenatural o \u201cm\u00e1gica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no se comprende si la causa de su ansiedad sea por el s\u00edndrome de atenci\u00f3n dispersa (hiperactividad), el que su familia tard\u00f3 en descubrir y reconocerlo, o es el efecto de la piedra, que hace que no deje de moverse. De ni\u00f1o encontr\u00f3 la soledad de los grandes pasillos, la frialdad del lenguaje y la presi\u00f3n que provocaba distanciamiento por la disciplina de los estudiantes. Hall\u00f3 amparo en la biblioteca, observando libros de fotograf\u00eda, pintura, escultura, mientras esperaba a su t\u00edo, qui\u00e9n cursaba el doctorado en North Carolina. Imagen tras imagen fue construyendo su paradigma visual, \u00e9se que le brindar\u00eda ventaja en su desarrollo como fot\u00f3grafo, director, productor, editor de revista, redactor y pintor. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la conversaci\u00f3n yo trataba de comprender el sentido de autodestrucci\u00f3n que Carlos manten\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien, el s\u00edndrome promete errores en el desempe\u00f1o escolar que dificultan el desarrollo del individuo, a \u00e9l le brind\u00f3 una ventaja, buscar la manera de expresarse, leyendo, revisando manuales de fotograf\u00eda, realizando bocetos, absorbiendo las artes por todos lados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1s as\u00ed? \u2500 pregunto.<\/p>\n\n\n\n<p>La cabeza se mueve aletargada y reafirma no estar presente mientras intercambiamos palabras con su mirada perdida. Las ideas parecen ser cortas porque \u00e9l no se detiene para respirar, parece no llegar a ver el final de la conversaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una peque\u00f1a accesoria ubicada en la colonia Peralvillo, ahora es estancia de sobrevivencia para dialogar con la soledad o con la piedra (crack). Supongo que el rotulado del exterior \u201cFlanes y gelatinas\u201d sirvi\u00f3 para tener ingresos en la temporada navide\u00f1a. Cuando la noche se alumbra por todo el folclore de un mercado tan popular como lo es el mercado de Beethoven. Lleno de fritangas, tacos, pambazos, quesadillas, pozole, el tradicional ponche y para terminar un rico postre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Me ense\u00f1a otra fotograf\u00eda. \u2500 \u00bfYa viste mi cara, ya viste mi cara? me cuesta trabajo encontrar lo que me trata de indicar. De primer vistazo veo un beb\u00e9 abrazado por una persona. \u2500 \u00a1Ya viste!, \u00a1ya viste!, insiste. Aplico el zoom tratando de evidenciar el detalle. Unas cejas fruncidas en un infante de no m\u00e1s de 12 meses de nacido me hace expresarme en voz alta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00bfEst\u00e1s encabronado?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00a1Exacto! \u00a1Exacto! Mi padre s\u00f3lo me abrazaba cuando estaba borracho.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00fanica l\u00e1mpara que hay marca las sombras de los recortes de las mujeres desnudas que cuelgan por su escritorio es el \u00fanico indicio de luminosidad dentro de la accesoria de dos metros de ancho por cuatro de largo. Una grabadora que nunca se apaga sirve como atm\u00f3sfera de compa\u00f1\u00eda. Entre la oscuridad se ven algunos cuadros que cuelgan sobre el cuarto de color verde; La Virgen de Guadalupe en proceso \u2500 esa me la encargaron con cien varos\u2500 una santa muerte, \u2500de otro encargo, a\u00fan sin terminar por falta de presupuesto\u2500. Mientras observo el detalle de las pinturas me explica la elaboraci\u00f3n de algunos marcos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sumergido entre ropa y revistas se encuentra una mesa con un espejo. Basura, ch\u00e1charas, ceniza, mota, m\u00e1s recortes de chicas desnudas. De un caj\u00f3n saca m\u00e1s revistas dobladas, recuerdos de sus textos acompa\u00f1ados con fotograf\u00edas, su vida. Levanta los negativos para verlos a trav\u00e9s de la luz: autos y mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>En San Luis Potos\u00ed trabaj\u00f3 como mimo. De ah\u00ed comenz\u00f3 a trabajar en la televisi\u00f3n inmediatamente, su naturaleza para hablar, su empat\u00eda y sus habilidades para crear lo llevaron a ser el primer productor de un programa en vivo que ten\u00eda tres conductores, dos sets de una hora (en aquel estado, en ese momento, algo civilizatorio). \u201cC\u00e1mara uno ci\u00e9rrate a Ana Isabel; two shots, two shots. Dame la tres abierta. Voy contigo dos. C\u00e1mara dos al aire. Est\u00e1s fuera tres. Est\u00e1s al aire dos, pan\u00e9ate, s\u00ed, vas. Vamos con la cuatro, talk back\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En una de sus entrevistas conoci\u00f3 a Michel Jourdain, que le extendi\u00f3 una invitaci\u00f3n para asistir un fin de semana a las carreras del primer aut\u00f3dromo de San Luis Potos\u00ed. &nbsp; \u201cEran unos polvodromos\u201d.&nbsp; En tierras \u00e1ridas se sinti\u00f3 ansioso y desesperado, pregunt\u00f3 qu\u00e9 pod\u00eda hacer; fue abanderado por ese d\u00eda. Sus inquietas ganas por conocerlo todo lo colocaron en la torre de control tomando los tiempos de llegada de los autos, dos cron\u00f3metros en las manos apuntando mil\u00e9simas de segundo en listas, en papeles. Ingres\u00f3 en el equipo organizador de las carreras asignado como encargado de prensa: reportero, fot\u00f3grafo, empap\u00e1ndose en el mundo del automovilismo para la revista Autosport.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed dejo a su primer matrimonio por una escultural mujer con quien comparti\u00f3 seis a\u00f1os y dos hijas. Despu\u00e9s, ella parti\u00f3 cuando la fortuna y el \u00e9xito se evaporaron como el calor de una regi\u00f3n seca. No ha vuelto a saber de ellas tres. Nada. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00bfPor eso vives as\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 Es una etapa, es conocimiento, estoy aprendiendo a vivir de esta manera&nbsp; y lo disfruto.<\/p>\n\n\n\n<p>Su respuesta fue \u00e1gil, r\u00e1pida. Sin embargo, segu\u00eda sin responder de manera clara.<\/p>\n\n\n\n<p>Su memoria resplandeciente cita nombres de inversionistas, empresarios, pol\u00edticos, artistas, actores al instante. No desvanece. Doy unos pasos para observar los detalles de sus pinturas. Pero resulta dif\u00edcil por la alfombra de ropa que se esparce por el cuarto mal alumbrado. \u00bfQuieres tetrahidrocanabinol? Me invita. Un alto porcentaje de los bienes que coexisten ah\u00ed proceden de la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Meses atr\u00e1s descend\u00ed de mi auto a tirar la basura al dep\u00f3sito del mercado. La oscuridad y el mal olor es ideal para atraer a los perros y las ratas. Alguien que hurgaba entre los deshechos de los dem\u00e1s se acerc\u00f3 para ofrecerme su ayuda. Vi su rostro p\u00e1lido, era Carlos, con los ojos sumidos hasta la nuca. Estaba con la quijada trabada, la boca seca. Ya ten\u00eda un carrito de supermercado lleno de cosas: cajas, botellas, sartenes\u2026 d\u00edas despu\u00e9s, me llev\u00f3 a ofrecer algunas cosas. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00bfPresta unos 10 varos, pa completar, pa la piedra?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00bfCu\u00e1nto cuesta?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00a150 varos, para el efecto de 20 minutos: es una mamada!<\/p>\n\n\n\n<p>El estereotipo del vagabundo sucio que vive de la calle, del que su mente solo repite un di\u00e1logo que lo separa de los dem\u00e1s y lo mantiene en la calle se parte con Carlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tirado sobre la banqueta y con el ojo inflamado por un pu\u00f1etazo, espera. Las burlas se hacen presentes de un par de desconocidos por verlo abatido e inofensivo. Me pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00bfWhat can i do?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 \u00bfWhen will you stop this?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2500 I can\u00b4t tell you that. Its a fucking secret.<\/p>\n\n\n\n<p>Los paseantes se sorprenden de nuestro di\u00e1logo, sus miradas burlonas se transforman en rostros de llenos de extra\u00f1eza: \u201cNo, pus, se ve qu\u00e9 si sabe\u201d, repiten por ah\u00ed, y una l\u00ednea invisible de respeto los aleja.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Tal vez, el efecto del s\u00edndrome de atenci\u00f3n logr\u00e9 fastidiar lo alcanzado, lo aprendido, lo olvidado. Llev\u00e1ndolo a conseguir algo m\u00e1s. Tanto que se cans\u00f3 de su vida de lujo, del dinero, de las mujeres, del arte. Inconforme e insatisfecho de todo y de s\u00ed mismo. Fue mimo, teatrero, fot\u00f3grafo, redactor, abanderado, columnista, editor, productor, conductor, pintor, empresario, narrador, esposo, padre, hijo. Demacrado y con dolores en el organismo recorre las calles de la colonia en busca de basura para intercambiarla por monedas para conseguir el exceso de todos los d\u00edas. Ahora es pepenador, alcoh\u00f3lico, adicto a la piedra. Quiz\u00e1 se fastidie de esta etapa. Quiz\u00e1 la pr\u00f3xima vez ya no lo vea. Quiz\u00e1 la pr\u00f3xima vez lo vea con fuerza y con br\u00edo. Cont\u00e1ndome el nuevo ciclo de su vida.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/joseluna.net\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/Portad-de-libro.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-29\" style=\"width:278px;height:370px\" width=\"278\" height=\"370\" srcset=\"https:\/\/joseluna.net\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/Portad-de-libro.jpg 600w, https:\/\/joseluna.net\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/Portad-de-libro-225x300.jpg 225w\" sizes=\"(max-width: 278px) 100vw, 278px\" \/><\/figure><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en el libro: La cr\u00f3nica como ant\u00eddoto, UNAM, 2016 Octavio Paz describi\u00f3 a los Pachucos como personas con una herida que se exhibe, como un adorno b\u00e1rbaro, caprichoso y grotesco. 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