{"id":32,"date":"2023-09-04T02:16:59","date_gmt":"2023-09-04T00:16:59","guid":{"rendered":"https:\/\/joseluna.net\/?page_id=32"},"modified":"2023-09-04T02:16:59","modified_gmt":"2023-09-04T00:16:59","slug":"sabado-negro","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/joseluna.net\/index.php\/sabado-negro\/","title":{"rendered":"S\u00e1bado Negro"},"content":{"rendered":"\n<p>Texto publicado en la revista Palabrijes, UACM, 2013<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/uacm.edu.mx\/portals\/8\/epub\/suplemento10\/index.html?fbclid=IwAR3ECEwcpVm-48ML267UUE_6w3im-fQMcW-K-td17xh4BzKkc7doZMY81LY\">https:\/\/uacm.edu.mx\/portals\/8\/epub\/suplemento10\/index.html?fbclid=IwAR3ECEwcpVm-48ML267UUE_6w3im-fQMcW-K-td17xh4BzKkc7doZMY81LY<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El fr\u00edo de la ma\u00f1ana se dispersaba entre los cuerpos. Grupos de inconformes se hab\u00edan citado desde las 4 am. Destino: Palacio Legislativo. Los primeros brotes de coacci\u00f3n aparecieron hacia las 6:45. Desde esa hora se percib\u00edan ya las se\u00f1ales de lo que los capitalinos vivir\u00edan aquel d\u00eda. Algunos grupos de manifestantes que estaban en contra de la toma de protesta de Enrique Pe\u00f1a Nieto manten\u00edan un enfrentamiento con las fuerzas del orden. San L\u00e1zaro se encontraba paralizado desde d\u00edas antes: m\u00faltiples vallas met\u00e1licas rodeaban el recinto en donde se ungir\u00eda al nuevo presidente del pa\u00eds. Era primero de diciembre de 2012 y la ciudad de M\u00e9xico despertaba tensa y frustrada, con ansias de redimir la generalizada impotencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando decid\u00ed venir sab\u00eda que pod\u00eda haber enfrentamientos, pero no cre\u00ed que adquirir\u00edan la dimensi\u00f3n que alcanzaron. De un momento a otro, todo comenz\u00f3 a ocurrir. Mientras algunos manifestantes corr\u00edan y lanzaban objetos contra la polic\u00eda, el cielo de esta parte de la urbe empez\u00f3 a te\u00f1irse de rojo: los gases lanzados desde el cerco met\u00e1lico le abr\u00edan surcos al aire ma\u00f1anero. Los proyectiles iban en todas direcciones, pero no rebasaban, todav\u00eda, una peque\u00f1a zona de combate. Desde donde yo me encontraba pod\u00eda ver las salidas del metro, los puestos de comida y los peatones que observaban, con rostros descompuestos, lo que iba aconteciendo. Me acerqu\u00e9 al muro de los polic\u00edas, manteni\u00e9ndome a un lado de los inconformes. Intentando obtener buenas fotograf\u00edas. Al igual que los dem\u00e1s, deb\u00eda estar alerta al sonido de las explosiones que nos rodeaban por un lado y otro. Disparaba mi c\u00e1mara contra todo lo que me parec\u00eda de importancia. Clic. Trataba de no quedarme quieto. Clic. Buscaba estar en todas partes. Clic. Clic. Clic.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento no comprend\u00ed que me encontraba en medio de una hostilidad apremiante. Actuaba con el cuerpo, no con el pensamiento. Lo que atestig\u00fc\u00e9 era una conflagraci\u00f3n instant\u00e1nea. Parec\u00eda el simulacro de una guerra civil sin recursos: las armas eran resorteras, piedras, botellas, tubos y precarias bombas molotov; los paliacates funcionaban, in\u00fatilmente, como m\u00e1scaras antig\u00e1s. De hecho, todo resto de la infraestructura urbana, se transformaba, seg\u00fan los manifestantes, en arma eficaz: los postes del alumbrado, cargados entre varios, serv\u00edan como proyectiles. En cierto momento observ\u00e9 una escena de total arrojo: un hombre de avanzada edad, ofuscado de coraje, part\u00eda adoquines contra el suelo; de ese modo produc\u00eda heterog\u00e9neos proyectiles que eran recogidos por j\u00f3venes para lanzarlos, desde la distancia, contra las vallas. \u00c9stas eran el blanco central de los manifestantes; buscaban derribarlas. Las n\u00e1useas provocadas por los gases ahuyentaban por breves momentos a los rijosos. Mi improvisada m\u00e1scara antig\u00e1s \u2013playera sujeta al rostro\u2013 no lograba apaciguar mi propia tos, la \u00fanica opci\u00f3n era salir del ambiente hostil, tomar aire, regresar, fotografiar y salir de nueva cuenta. De cualquier modo, estaba dentro de la zona m\u00e1s conflictiva, la cual para estos momentos hab\u00eda expandido sus dimensiones f\u00edsicas y sonoras. No hab\u00eda consignas. S\u00f3lo estruendos, insultos, gritos. Es como si alguien le hubiera subido el volumen a lo que me rodeaba; la realidad estaba de pronto repleta de excesos.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio del horror, tambi\u00e9n hab\u00eda espacio para oasis imaginarios. Una armon\u00eda anarquista flu\u00eda como escena al mismo tiempo apocal\u00edptica y ut\u00f3pica: grupos de rescate auxiliando a los heridos por balas de goma; j\u00f3venes orientando la retirada de los combatientes cegados por los gases; mujeres-lazarillo dispuestos a aliviar el ardor de ojos ajenos con chorros de Coca-Cola\u2026La solidaridad tambi\u00e9n era un incentivo para la ofensiva. En cierto momento, una agrupaci\u00f3n de remolque se hab\u00eda organizado y hab\u00eda conseguido un cami\u00f3n de volteo. La fuerza f\u00edsica de empuje no fue suficiente para envestir al grupo de seguridad p\u00fablica que se manten\u00eda resguardado detr\u00e1s del muro. Sin embargo, un avispado individuo logr\u00f3 encender el veh\u00edculo y lo estamp\u00f3 contra las vallas. Esto aviv\u00f3 a todos los participantes a una confrontaci\u00f3n m\u00e1s cercana y directa. Se hab\u00eda cruzado un umbral. En adelante, la refriega adquir\u00eda otra dimensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, se corri\u00f3 a voces que un proyectil le hab\u00eda abierto la cabeza a un manifestante. Se dec\u00eda que estaba muerto o en coma. La adrenalina y un instante de conciencia me hicieron resguardarme detr\u00e1s de unas jardineras en el intento por asimilar la gravedad de lo que estaba sucediendo. Sent\u00ed temor, el nerviosismo fue inevitable. No pertenec\u00eda a ning\u00fan medio de comunicaci\u00f3n que pudiera respaldarme. Hab\u00eda ido a tomar fotos por mi cuenta. Ven\u00eda como simple freelance, con las pocas garant\u00edas que esto pueda otorgar. Adem\u00e1s, formar parte del bando en el que f\u00edsicamente me encontraba, me pon\u00edan en el lugar propicio para ser tachado de provocador, rebelde o delincuente. En un pa\u00eds con decenas de periodistas asesinados, traer una c\u00e1mara no me brindaba mayor seguridad. \u201c\u00bfQu\u00e9 madres hago aqu\u00ed?\u201d, me pregunt\u00e9 de inmediato. Si recib\u00eda un balazo o una herida de cualquier magnitud, tendr\u00edan que responder mis familiares m\u00e1s cercanos, pero al final las consecuencias caer\u00edan sobre m\u00ed. Podr\u00eda quedar cojo, tuerto o descalabrado, o en el mejor de los peores escenarios, ser golpeado incesantemente por el cuerpo policiaco, como ya le hab\u00eda sucedido a muchos otros. Me percat\u00e9 entonces que s\u00f3lo tra\u00eda conmigo mi c\u00e1mara y algunos lentes, sin advertir que cualquier ligera protecci\u00f3n f\u00edsica era de suma importancia. Algunos reporteros, fot\u00f3grafos y hasta los manifestantes hab\u00edan asistido portando armaduras dom\u00e9sticas: casco de bicicleta, guantes de alg\u00fan tipo, m\u00e1scaras antig\u00e1s, googles y dem\u00e1s. Improvisados, de cart\u00f3n o de pl\u00e1stico, lo importante era disminuir el dolor posible o evitar que te sacaran un ojo con todo lo que pasaba volando cerca de la cabeza. Me estaba arriesgando por nada, pens\u00e9 en ese momento, pero me sobrepuse. No se trataba de demostrar valor, pero s\u00ed de controlar todas las emociones negativas que me asediaban. Me decid\u00ed a intentar conseguir lo que mi inconsciente ya hab\u00eda programado: fotograf\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00e9 a mi alrededor y observ\u00e9 un escenario desorbitado. Clic. La calle hab\u00eda perdido todo sentido de normalidad. No era que reinase habitualmente en esas calles la serenidad y la ley, pero ese d\u00eda la violencia cotidiana, la natural barbarie, se hab\u00eda vuelto cat\u00e1strofe. A unos metros de distancia una llanta se quemaba y soltaba un aroma cerril. Clic. Mientras hu\u00eda del malsano efluvio, pensaba en los que est\u00e1bamos presentes y en los que se quedaron, c\u00f3modos, viendo la televisi\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n hab\u00eda tomado la mejor decisi\u00f3n? Para m\u00ed era necesario estar ah\u00ed, aunque fuese para incrementar la sombra de los ausentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya antes de la organizaci\u00f3n de la protesta, algunos dec\u00edan que todo esto no era necesario, que carec\u00eda de sentido ejercer actitudes violentas contra las fuerzas de seguridad del Estado, pues \u00e9stas justo ten\u00edan la funci\u00f3n de estar ah\u00ed para provocar. Sin embargo, el deseo fallido de libertad y la decepci\u00f3n acumulada, la necesidad de protesta y el desencanto transmitido por generaciones, generaban alivio y desahogo a trav\u00e9s de cualquier expresi\u00f3n de inconformidad ante un gobierno que presentaba como valores ostensibles la corrupci\u00f3n, el cinismo y la impunidad. En eso, los manifestantes y yo \u00e9ramos iguales. Tambi\u00e9n estaba hundido yo en la impotencia. La vida para m\u00ed tambi\u00e9n era un gran resentimiento. Por eso estaba ah\u00ed. Atado a mi propia arma: la c\u00e1mara, que no dejaba de utilizar. Apretar el disparador era lo \u00fanico congruente que lograba equilibrar mi situaci\u00f3n emocional. Mientras yo pensaba esto, el jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, informaba en los medios de comunicaci\u00f3n que no hab\u00eda enfrentamientos, que no pasaba nada, que en la Ciudad de M\u00e9xico no hab\u00eda una batalla. Mostrar lo que realmente estaba sucediendo ser\u00eda mi forma de protestar.<\/p>\n\n\n\n<p>De vez en cuando pod\u00edan verse chorros de agua salir desde el lado enemigo, apuntando contra alg\u00fan manifestante. Al mirar el piso, record\u00e9 esas im\u00e1genes que suele ver uno en la carretera cual alucinaciones ef\u00edmeras: el asfalto mojado que acecha a corta distancia y despu\u00e9s desaparece. El problema es que ac\u00e1 la alucinaci\u00f3n no era enga\u00f1o de los sentidos, sino realidad transfigurada. Y la pesadilla, en lugar de esfumarse, se extend\u00eda. Luego de varias horas de inoperantes refriegas, los manifestantes (y yo con ellos) abandonamos las cercan\u00edas de San L\u00e1zaro para llegar al Z\u00f3calo de la ciudad, al Palacio presidencial donde Pe\u00f1a Nieto dar\u00eda el discurso inaugural de su sexenio. Sin embargo, no pudimos llegar hasta ah\u00ed. Otra vez la imposici\u00f3n del orden, la muralla represiva, la cortina que le permit\u00eda al nuevo presidente aparentar estar al frente de otro pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el d\u00eda avanzaba, no se vislumbraban horas mejores que las previas. En Bellas Artes, los polic\u00edas ten\u00edan la orden de no dejar acceder al cuadro principal del Centro Hist\u00f3rico. Aparec\u00edan cadenas humanas de seguridad por todas las calles: 5 de Mayo, Madero, Eje Central por ambos lados\u2026 la \u00fanica opci\u00f3n era replegarse por Avenida Ju\u00e1rez. No pas\u00f3 mucho tiempo para que comenzaran los disturbios. Todo estall\u00f3, otra vez, con velocidad inusitada. Los comercios cercanos fueron fuente de suministros para enfrentar al grupo de seguridad. Las calles se llenaron de establecimientos masacrados, vidrios rotos, pintas. De pronto el fuego, el caos, la violencia. Bellas Artes parec\u00eda el escenario de una pel\u00edcula de otra \u00e9poca: me parec\u00eda estar en Santiago en septiembre de 1973, o en Dubl\u00edn durante los a\u00f1os del ERI. Como aqu\u00ed no hab\u00eda, como en San L\u00e1zaro, cercas met\u00e1licas, los escudos de los granaderos recibieron toda la presi\u00f3n de los contrincantes. Clic. La lucha era m\u00e1s cercana y violenta, pero la estrategia policiaca debilitaba, cada vez m\u00e1s notablemente, a los manifestantes. La atm\u00f3sfera se volvi\u00f3 de gran incertidumbre y vulnerabilidad. Comenzaron algunos arrestos y en ese plano todos pod\u00edamos parecer sospechosos. Vi de pronto c\u00f3mo golpeaban a un joven entre varios uniformados (clic), mientras al otro lado de la plaza una cerca de escudos ard\u00eda en llamas gracias a una molotov (clic). En medio del desconcierto me dije \u201ceste pa\u00eds ha perdido todo sentido de sensatez\u201d. Mientras, yo no paraba de disparar hacia todo lo que se mov\u00eda. Clic, clic, clic\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El cuerpo de seguridad se\u00f1alaba a personas, hombres y mujeres, corr\u00edan tras de ellos, algunos con m\u00e1s rapidez lograban zafar otros eran golpeados y arrastrados, se perd\u00edan entre la multitud de uniformados que cerraban el paso para evitar retratar el maltrato. &nbsp; As\u00ed se fue la tarde. Despu\u00e9s me enterar\u00eda de los infiltrados y los provocadores pagados, de los arrestos arbitrarios y los fot\u00f3grafos encarcelados, de los innumerables excesos policiacos. Aquella tarde fue la entrada a un continuo porvenir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Texto publicado en la revista Palabrijes, UACM, 2013 https:\/\/uacm.edu.mx\/portals\/8\/epub\/suplemento10\/index.html?fbclid=IwAR3ECEwcpVm-48ML267UUE_6w3im-fQMcW-K-td17xh4BzKkc7doZMY81LY El fr\u00edo de la ma\u00f1ana se dispersaba entre los cuerpos. Grupos de inconformes se hab\u00edan citado desde las 4 am. Destino: Palacio Legislativo. 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